Abuso emocional. Este tipo de abuso por lo general incluye desvalorización, vergüenza, humillación, insultos, comentarios como “inútil” o “bueno para nada”, indiferencia o la escasez o falta de amor o atención hacia el menor. A veces, los menores que son víctimas de este tipo de abuso son retraídos, miedosos, demasiado preocupados por cometer un error y también suelen tener dificultades a la hora de interactuar con otras personas y demostrar afecto.
Negligencia. La negligencia es el tipo de abuso infantil más común y es la tendencia al fracaso a la hora de satisfacer las necesidades básicas de un menor, ya sea alimento, vestimenta, higiene o incluso supervisión suficiente. A veces, la adicción a las drogas o el alcohol de un padre, una madre o un tutor lleva a este tipo de abusos. Una señal de negligencia puede ser la desnutrición, la falta de higiene personal, el robo o la súplica de alimentos y la ausencia por largos períodos de tiempo.
Abuso físico. El abuso físico incluye daños o lesiones físicas en el menor. También puede ser consecuencia de una disciplina severa que no es la apropiada debido a la edad o la condición física del menor. Los menores a menudo ponen excusas sobre sus lesiones o las esconden ante este tipo de abuso.
Abuso sexual. Por lo general, es el tipo de abuso más difícil de detectar e implica el sometimiento de un menor a cualquier tipo de acto sexual, haya o no contacto físico con el menor. Una clara señal de abuso sexual puede ser cuando el menor se niega rotundamente a estar cerca de una persona en específico.